Desertora del Gualato: A secas.

Mayo 2003.

La Paulina Muñoz me dijo que quería participar en un Festival en Chiloé, que por que no le hacia un temita. Como yo tenía a mi abuelo Chilote, que había partido desde allá a Punta Arenas, tenía la idea lista. Lo hice, lo grabamos a la rápida (esa es la versión que tengo), lo mandamos y quedamos. Debíamos estar como en 2 semanas en Ancud.

Llegamos allá y ¡todo era terrible! Los “músicos” eran como una mala banda de colegio, no se sabían la canción y no tenían niún interés en sacarla bien. Yo de un humor terrible, la Paulina peor.


Por suerte, conocimos al Rolo, al Chico Marco y demases, que eran de otro grupo que participaba. Ellos eran de Castro y como en 20 minutos eran nuestros mejores amigos de la vida. Chico Marco estaba medio loco, una noche me dijo que él también componía, que quería mostrarme un tema.

Estuvo como 10 minutos haciendo sonidos rarísimos en la guitarra, mientras gritaba “Rallando la papa, me siento feliz…”

El Rolo luego me contó que Chico Marco era esquizofrénico y él le administraba la plata. Si quería cigarros le pasaba mil, si quería un trago otros mil.





Esa noche yo dormía plácidamente cuando de pronto me despierto y veo a Chico Marco parado al lado de mi cama.


- Yo no soy como ellos, yo soy como tú. Yo no soy como ellos, yo soy como tú… – me decía, y yo, petrificada en mi cama, no sabía que hacer. Por suerte la Paulina que era más viva, atinó a sacarlo y cerrar la puerta con llave.



Al día siguiente, nos invitaron a un carrete de un nuevo millonario de Ancud, que tenía un segundo piso con mesa de pool, pantalla gigante y una novia bastante más joven que él. Me acuerdo que veíamos un video de Pink Floyd cuando veo subir por la escalera a un viejo como de 70 años, igualito al quijote, con abrigo negro, barba gigante y pelo canoso hasta la cintura. Me dió mucha curiosidad y me fui a hablar con él, pero no saqué nada porque todo lo que yo decía me lo contradecía, hasta que en algún minuto dije algo sorprendente que el viejo, que a todo esto se llamaba Sergio, amó.

Al otro día, el viejo llegó al lugar donde nos quedábamos, yo me enteré por la dueña de la pensión, que era un fotógrafo conocido allá, que no tenía amigos, que normalmente aparecía de pronto, siempre solo y que todo el mundo le tenía miedo. Yo conversaba con él de cine, música, pintura, fotografía y, extrañamente, todo lo que yo decía de pronto se transformaba en algo genial o divertido.
Nos fue a ver al festival, nos acompañaba a cenar, aparecía afuera de los autos que nos subíamos, estaba por todos lados.

El último día, el viejo ya manifestaba una admiración por mi (o por lo que él creía de mi, no sé bien que era). Después de un rato me dice: “Aquí en Chiloé todos utilizan una herramienta para trabajar la tierra. No se usa mucho el rastrillo, ni la escoba, ni la picota, lo único que se usa es el gualato. Yo opté por herramientas distintas en mi vida, yo no quise hacer, pensar, hablar, igual que toda esta gente. Yo soy un desertor del gualato… Y tú, tú también lo eres, tú también eres una desertora del gualato”.
Casi me muero, no sabía porque era tan grande lo que me decía, no sabia si necesitaba sentirme diferente, o si al final de cuentas yo también admiraba lo cuático del viejo.


Realmente, creo que siempre detesté ser diferente a mis pares, muchas veces, hasta el día de hoy. Detesto odiar los momentos en que mis amigas cantan reguetón y yo hago algunos de mis cometarios graves, o simplemente guardo silencio con cara de “cómo es posible?”. Detesto que sea un esfuerzo pensar en ir al cumpleaños de una amiga a una disco, porque no me ha gustado nunca bailar. Detesto no saber pintarme las uñas tan bien como cualquier mujer de mi edad, no saber cocinar un huevo ni saber que esta pasando en el reality 1812 o como se llame. Lo detesto a ratos, cuando me gustaría disfrutar más de las cosas como ellas. O mejor dicho, con ellas. Empero, creo que ha sido una opción, he desertado de cosas que la gente disfruta, pero yo no.
Salimos segundas en el festival, me quedé con 500 lucas y goleta de plata. A Chico Marco lo vi años después, tocando mambo en una micro. La Pauli ya es profe de música, como yo, y sigue cantando en festivales. La última vez que hablé con el Rolo me dijo que se iba a tocar por Europa. Con el Desertor del Gualato no me saqué foto y no volví a saber de él.






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Comentarios

  1. pues me encanto tu historia, señorita desertora del gualato, te felicito por no seguir la corriente, y aunque no es fácil algunas veces, sigue asi, vas por el buen camino.

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